Por milenios, la mente humana ha intentado encerrar la inmensidad del Creador en dogmas estáticos y misterios insondables. Nos han enseñado a ver a Dios como una deidad distante o como un enigma teológico imposible de descifrar, dejándonos con una visión incompleta de nuestro propio propósito. Sin embargo, cuando las Escrituras se leen sin los velos de la tradición, emerge una verdad mucho más gloriosa, dinámica y abrumadora: Dios no es un misterio cerrado; es una Familia Rea