
Antes te conocía de oídas; ahora mis ojos te ven
CAPÍTULO 1
Tengo apenas doce años. Durante todo un día y toda una noche, una sola pregunta ocupa mi mente: ¿porque Jesús? No consigo apartarla de mis pensamientos. Me siento inquieto y acongojado, como si en lo más profundo de mi ser estuviera buscando comprender algo que todavía no alcanzo a expresar con palabras. La reflexión me acompaña hasta la tarde del día siguiente, cuando sucede aquello que habría de marcar el principio de todo: el momento en que mi búsqueda dejó de ser solamente una pregunta y comenzó a convertirse en un encuentro.
Y entonces sucede: comprendo, con una claridad que jamás había experimentado, lo que significa, implica y representa el sacrificio de Cristo. En un solo instante, todo aquello que había estado dando vueltas en mi mente encuentra una respuesta. Su sacrificio era la expresión perfecta de su amor por el Padre y por la humanidad; revelaba su determinación de defender la justicia y mostraba, al mismo tiempo, su valentía, sabiduría, poder y lealtad. Aquel Hijo del Hombre había aceptado llevar sobre sí el peso de una cuestión que alcanzaba a toda la existencia, tanto celestial como terrenal. En ese momento amé profundamente su sacrificio y lo guardé como un tesoro dentro de mi corazón.
Entonces dije:
«Señor, Padre de todos, entregaste a tu Hijo a la muerte sin que nada ni nadie pudiera obligarte. Ni tú ni él tenían la obligación de corregir el error de la humanidad, y mucho menos de hacerlo de una manera tan dolorosa y perfectamente justa. Tú eres el Soberano Universal y nada puede interponerse ante ti. Sin embargo, por amor a tu nombre, por tu honor y por la justicia de tu Reino, decidiste hacerlo así, para que toda la creación supiera que eres leal y justo. Y mi Cristo bebió de aquella copa para demostrar que haría cuanto fuera necesario por ti, así como tú hiciste cuanto era necesario por nosotros. Por esta razón, yo te serviré para siempre. Haré por ti cuanto sea necesario, siguiendo el ejemplo de mi Rey: tu Hijo y mi Maestro».
Esa oración fue crucial para mí y fue lo que determino mi servicio al señor de forma clara y para siempre. Ese día dedique mi vida a su servicio con el reconocimiento del sacrificio de Jesús por mí.
Así comenzó mi camino y ese evento no fue el único siempre bajo oración hago mis escritos y busco respuestas para que sea el ayudante prometido el espíritu santo el que me enseñe todas las cosas aun las cosas profundas de Dios. Juan 14:26. “El Consolador, el Espíritu Santo… él os enseñará todas las cosas”.
Titule esta parte de la misma manera en la que se expresó Job en Job 42:5 «De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven».
Ahora puedo comprender las palabras de Job cuando declaró: “De oídas te había oído; más ahora mis ojos te ven”. Job ya conocía y adoraba a Dios, pero después de escuchar su voz desde el torbellino, su conocimiento dejó de depender únicamente de aquello que había oído y se convirtió en una experiencia personal. Salvando la distancia entre su encuentro y el mío, algo semejante ocurrió dentro de mí. Yo ya había escuchado hablar de Dios y de Jesús, pero aquella tarde, al comprender profundamente el significado del sacrificio de Cristo, dejaron de ser solamente figuras acerca de las cuales otros me habían enseñado. YHWH se convirtió en el Padre al que decidí pertenecer, y Cristo en el Rey, Maestro y ejemplo que prometí seguir. No vi a Dios con mis ojos físicos, pero su realidad se volvió tan clara para mi interior que pude reconocerlo como si, por primera vez, verdaderamente lo estuviera viendo. En pocas palabras con un lenguaje no de palabras y con una voz que no emitía sonido fue que entendí y comprendí algo espiritual como nunca antes.
Y fue en ese momento en el que por primera vez en mi vida vi a Dios, escuché su voz comprendí su enseñanza con una firmeza y con una determinación que no dejaba espacio para el error. Y todo esto tal como Jesús lo prometió el espíritu santo estaba hablando no con una voz que emite sonidos ni con palabras entendibles sencillamente dando testimonio a mi espíritu de que tal cosa era así y que esa era la verdad.
Desde aquel momento comprendí que conocer a Dios requeriría mucho más que aceptar lo que otros me habían enseñado. Tendría que buscar la verdad como quien busca plata y escudriña la tierra esperando encontrar un tesoro escondido. Sin embargo, también aprendí que el conocimiento de Dios no es únicamente el resultado del esfuerzo humano, porque “YHWH da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Proverbios 2:3-6). Y yo me dejo moldear humildemente por el sin una idea preconcebida de como deberían ser las cosas más bien dejo que él sea quien enseñe y yo me limito a entenderlo de esa manera y aceptarlo como verdad.
Tal como el apóstol pablo pido una vez en oración en Efesios 1:17-18. "Pidiendo que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de Él. Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos ".
Ya eh dado mi testimonio ahora es momento de revelar el misterio, acompáñenme a comprender ¿Quién es Dios? Y su naturaleza divina.