
¿Quién es Dios?
La naturaleza divina misterio revelado.
PRÓLOGO
«Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.»
— Mateo 11:27
A lo largo de mi vida he dedicado innumerables horas al estudio de las Escrituras, impulsado por una pregunta que ha acompañado a generaciones de creyentes: ¿quién es realmente Dios?
Las diferentes corrientes teológicas, tradiciones religiosas e interpretaciones doctrinales han dado lugar a diversas respuestas. Sin embargo, las palabras de Jesús registradas en Mateo 11:27 revelan una verdad profunda: el conocimiento auténtico del Padre no proviene de la sabiduría humana, sino de la revelación que el Hijo concede.
Con profunda gratitud reconozco el enorme privilegio que he recibido al poder contemplar, a través de las Escrituras, aspectos de la personalidad y naturaleza de Dios que durante mucho tiempo permanecieron ocultos para mi entendimiento. No considero este conocimiento como un mérito propio, sino como una muestra de la gracia divina que ilumina a quienes buscan como tesoros escondidos la verdad.
Esta obra nace del deseo de compartir ese descubrimiento. No pretende apoyarse en tradiciones heredadas ni en interpretaciones populares, sino en un examen cuidadoso y profundo de los textos bíblicos. Mi objetivo es conducir al lector directamente a la evidencia escritural para que pueda evaluar por sí mismo las conclusiones aquí presentadas.
Durante siglos, la naturaleza de Dios ha sido objeto de debates, divisiones y doctrinas contradictorias. En las páginas siguientes expondré las razones que me llevaron a replantear muchas de las enseñanzas comúnmente aceptadas y a construir una comprensión diferente acerca de quién es el Padre, quién es el Hijo y quién en el Espíritu Santo.
Mi deseo es que este trabajo contribuya a despejar la confusión, desafiar las interpretaciones establecidas cuando sea necesario y, sobre todo, acercar al lector a un conocimiento más profundo del único Dios verdadero y de Jesucristo.
Que sea la propia Palabra de Dios quien tenga la última palabra.